Y ahí en la terraza se encontraba ella, viendo al horizonte, pensativa no tardaba en salir una lagrima de aquellos ojos verdes, el viento comenzaba a soplar, el otoño se acercaba. Por supuesto yo no quise acercarme, era obvio que quería estar sola así que de mi bolsa del pantalón tome mi pañuelo y lo deje en una mesa cerca de la puerta de entrada al edificio y me retire.
Cada día, a la misma hora regresaba a esa terraza para ve si de "casualidad" volvía a verla, no sabia nada de ella, ni su nombre, edad, ni siquiera que estaría estudiando. Solo sentado ahí recordando como observaba el horizonte con su mirada triste, su perfume a flores y su cabello castaño, no lograba sacarla de mi mente.
Era viernes, llovía a cantaros y yo seguía en la terraza, ya había perdido la noción del tiempo que paso desde aquella última vez que la vi, de un segundo a otro la puerta se abre de golpe, ella salio corriendo dirigiéndose al barandal mas lejano, sin sombrilla o incluso impermeable se quedo ahí con la cabeza mirando hacia el jardín debajo, me sorprendió que en sus manos sostenía aquel pañuelo que había dejado en una mesa para ella.
Me acerque y me detuve justo detrás, coloque mi sombrilla sobre ella para evitar que siguiera mojándose, al no sentir mas agua cayendo sobre ella se dio media vuelta, me miro a los ojos, acerco sus manos al pecho sosteniendo el pañuelo con fuerza, bajo la mirada e inclino su cabeza hasta que su frente toco mi pecho, no resistió mas y comenzó a llorar.
Yo sentía su tristeza pero no podía hacer nada solo protegerla de la lluvia, después de un minuto dio un paso atrás, con el pañuelo se limpio las lagrimas me miro una vez mas a los ojos y sonrió lo mejor que pudo, miro sus manos fijándose en ese pañuelo blanco.
-¿Este pañuelo es tuyo no es verdad?- me pregunto sin quitarle la mirada.- es muy bello, siento mucho haberlo ensuciado al igual que tu camisa... en verdad !lo siento mucho!- se limpio las lagrimas una vez mas, yo negué con la cabeza sin decir nada mas. La acompañe hasta los vestidores, solo la miraba caminar delante mio, no tardamos mucho en llegar.
-Gracias por acompañarme hasta aquí, no era necesario que lo hicieras, lavare tu pañuelo y te lo devolveré después ¿de acuerdo?- y sin que pudiera contestar entro en los vestidores.
Me quede ahi parado en el pasillo un momento, no me había percatado que yo también estaba completamente mojado, me dirigí a los vestidores del gimnasio ya que ahí se encontraba mi mochila con mi cambio de ropa.
Ya se me había hecho un habito el estar en la terraza, no solo para ver a la chica, si no que extrañamente me daba tranquilidad aquel lugar. Siempre al dirigirme a aquel lugar imaginaba que estaría esta chica observando el horizonte y cada vez que llegaba me encontraba solo, me acerque al batandal donde ella estaba la ultima vez que nos vimos, en ese momento escuche su voz.
-Disculpa por la tardanza, aquí tienes tu pañuelo.- me di la media vuelta y en efecto era ella, aunque licia muy distinta, sus ojos ya no reflejaban aquella tristeza y sus labios mostraban una discreta sonrisa, ella estiro sus brazos y miro el pañuelo.
-Siento mucho lo que paso el otro día, no era mi intención molestarte, ademas terminaste mojado por mi culpa, espero no te hayas enfermado- justo cuando iba a contestar un estornudo se adelanto.
- ¡Lo siento en verdad, es por mi culpa!- respondió ella- te lo compensare, ¿te gusta el café?- yo asentí con la cabeza- ¡que bien! te comprare uno, espérame aquí- entro corriendo al edificio, estaba tan apurada que ni tiempo me dio para poder recibir el pañuelo.
-¡Ya regrese!, no sabia como te gustaba así que traje azúcar y crema aparte- tome el café e hice una pequeña reverencia agradeciendo el gesto- ¿te gusta mucho estar aquí en la terraza verdad?- justo cuando iba a responder ella volvió a interrumpirme -A mi me encanta la vista que tiene hacia el jardín de la biblioteca, ese árbol de Jacaranda se ha de ver hermoso en primavera.-
Yo no podía dejar de verla, era una actitud muy distinta a la de la vez pasada, es como si el problema que antes la angustiaba se hubiera desvanecido por completo, su mirada brillaba mas, su voz era dulce y alegre, respiraba profundo como inhalando esperanza, se estiraba como si hubiera estado cargando una pesada roca. Creo que al destino le gustaba mantenerme con la boca cerrada, en mi intento por preguntar algo sonó la campana que anunciaba el termino del turno de clase, ella me miro sonrío y se despidió.
-Tengo que retirarme, fue un placer hablar contigo y en verdad gracias por todo, espero volvamos a vernos!- decía mientras corría hacia dentro del edificio, me quede solo, preguntándome si siquiera se habría dado cuenta que se quedo con el pañuelo y que no pude decir ni mi nombre, lo único que si se es que deseaba verla de nuevo.
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